La muerte de un ser querido es uno de los momentos más difíciles de la vida. Sin embargo, para los cristianos también es un momento de esperanza, porque nuestra fe nos recuerda que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha abierto las puertas de la vida eterna. Por ello, las exequias cristianas no son solamente una despedida, sino una celebración de la esperanza en la resurrección y una oración confiada por el eterno descanso del difunto.
La Orden de las Exequias Cristianas enseña que, al morir un cristiano, la Iglesia acompaña al difunto con su oración porque tiene la firme certeza de que la muerte no rompe la comunión de quienes han sido unidos a Cristo por el Bautismo (cf. Orden de las Exequias Cristianas, n. 4).
Los ritos exequiales de la Iglesia
Siempre que sea posible, los fieles católicos deben celebrar íntegramente los ritos exequiales de la Iglesia, que ordinariamente comprenden la Vigilia, la Santa Misa de Exequias y el Rito de Sepultura.
La Santa Misa de Exequias ocupa el lugar central de esta celebración, pues en la Eucaristía hacemos memoria de la Pascua del Señor, ofrecemos el Sacrificio de Cristo por el difunto y renovamos nuestra esperanza en la resurrección de los muertos.
La dignidad del cuerpo y de las cenizas
La Iglesia también nos recuerda que el cuerpo humano debe ser tratado siempre con el máximo respeto y dignidad, ya que fue templo del Espíritu Santo (cf. 1 Corintios 6,19) y recibió la gracia del Bautismo. Por ello, la sepultura del cuerpo es la forma preferida por la Iglesia, siguiendo el ejemplo del mismo Cristo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2300).
Aunque la Iglesia permite la cremación cuando esta no es elegida por motivos contrarios a la fe cristiana, las cenizas del difunto deben recibir el mismo respeto que el cuerpo humano. Por ello, deben ser colocadas en una urna digna y sepultadas o depositadas en un cementerio, mausoleo o columbario, es decir, en un lugar sagrado destinado para este fin. Las cenizas no deben conservarse permanentemente en el hogar, ni dividirse entre familiares, ni ser esparcidas en el mar, en el campo o en cualquier otro lugar, ya que estas prácticas no expresan adecuadamente la fe cristiana en la resurrección del cuerpo (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Ad resurgendum cum Christo [2016], nn. 3–7).
Contar con un lugar sagrado para la sepultura o el depósito de las cenizas favorece la oración por los difuntos, preserva la memoria de nuestros seres queridos y manifiesta nuestra esperanza en la resurrección prometida por Cristo.
Queremos acompañar a su familia
Nuestra comunidad parroquial desea acompañar a las familias en estos momentos de dolor con la oración, la celebración de los sacramentos y el consuelo del Evangelio. Si ha fallecido un familiar y desea celebrar las exequias cristianas en nuestra parroquia, con gusto le ayudaremos a preparar la liturgia y a vivir este momento con la esperanza que brota de nuestra fe.